domingo, 18 de julio de 2010

Capítulo 15: Algo inesperado

POV EDWARD


Ahí estaba Shasha, tan guapa como siempre, mientras descansaba de todo lo que había pasado en estos días horribles para ella. Me acerqué a su cama y me apoyé en la cristalera de su balcón. Menos mal que su perro también dormía… Sino la que me esperaba…

Pensé en todo lo que quería decirle… Nunca me había preocupado tanto por una mujer, ni por mi propia esposa. Me encontraba fatal por Shasha, más que cuando Bella fue en busca de James y sentí que moría por ella, más que cuando me enteré de que Bella se caía por el acantilado en Forks. Bueno… tanto no… No exageres… Es verdad, tanto no… pero se asemejaba bastante.



Me acerqué a su cara sigilosamente y posé mis labios en su frente. Me extrañé porque exhalaba aire frío y su frente estaba ardiendo. ¿Tendría fiebre?-Pensé. Quizás sí, había pasado por mucho en estas últimas horas. Pobrecita mía… No entiendo por qué tuvo que ser ella. Cuando se despertara querría respuestas de lo sucedido y el cómo llegó aquí, desde el norte del estado de Louisiana. Iban a pagar muy caro quien le hubiera tenido retenida.


- ¡No me toques! – Chilló. La miré pero aun tenía los ojos cerrados y la cara fruncida. A lo mejor estaba soñando…- ¿Por qué? ¿Por qué a mí?- Sollozaba.
- Shhh, Shasha. Ya estás a salvo, está todo bien, tranquila- le dije en susurros.

Pero ella no me contestó. Estaba soñando. Siguió con temblores y espasmos, así que decidí quedarme con ella hasta que Bella se despertara… Total, yo no dormía y no tenía nada que hacer.

Bella y yo nos tendríamos que volver a Forks dentro de tres días, pero ahora ninguno de los dos queríamos marcharnos, hasta que todo estuviera en orden con su familia y con su prima. La verdad que yo sentía que no podía alejarme de Shasha, cada vez me sentía más unido a ella desde que probé su sangre… Y eso que me había sentado muy mal y había vomitado tras tomarla con mis dientes… Quizá hubiese sido porque ella era una bruja cazavampiros o quizás hacía tanto tiempo que no probaba la sangre humana que mi cuerpo reaccionó de esa manera. Había tenido tentaciones con Bella desde que me casé con ella y todas las veces que la había hecho mía pero siempre pensaba en que era la delicada Bella y que había luchado mucho en no convertirla en un monstruo como yo… Pero con Shasha me daba igual su delicada piel, me ponía a cien toda ella, y por eso no me importaba lo más mínimo hacerle daño… Estaba seguro que sentiría placer…

Tenía que quitármela de la cabeza antes de reanudar mi monótona vida en Forks, con mi familia y con mi esposa… Ya no la volvería a ver en meses, o quizás años. No podía estar comiéndome la cabeza por Shasha ahora que no la iba a ver en mucho tiempo… Y menos en mi condición de vampiro, donde los años son eternos.

Decidí darle un beso de buenas noches a Shasha ahora que se encontraba más tranquila e ir a la habitación donde se instalaban Alice y Jasper. Tenía que desahogarme un poco, ya que Alice había visto en sus visiones lo que había ocurrido entre Shasha y yo. Toqué la puerta y no escuché ningún ruido. Juraría que estaban dormidos, a pesar de que eran vampiros.
- ¿Hola? – Toqué la puerta y la abrí un poco.
- Pasa Edward- me dijo Jasper.
- ¿Interrumpo algo? – A lo mejor estaban haciendo manitas…
- Que va, estoy solo. Alice fue a dar un paseo… tenía hambre.
- ¿Vino sin alimentarse?- Pregunté extrañado. Mi hermana siempre era muy precavida.
- Sí, se despistó y ahora estar en una casa con más de un humano la trastoca un poco.
- Entiendo Jazz… ¿Y tú, viniste alimentado?
- Sí, tranquilo… ¿Qué te ocurre? Te siento apenado… - observó Jasper. Mi hermano tenía un don de averiguar qué emoción llevabas encima y podía manejar tus emociones.



- Sí. Es por Bella…
- ¿Qué os pasa?
- Y por Shasha – le interrumpí.
- Siento amor… ¿hacia Shasha Edward? ¿Y Bella qué? – Preguntó confundido.
- También… Lo siento si sueno un poco brusco: primero a Shasha la veía como un polvo salvaje… ahora la veo como…
- Un polvo dulce… - acabó Jasper mi conclusión.
- Cierto. Y no sé qué hacer… No la voy a ver más durante mucho tiempo.
- ¿Y ella? ¿Siente lo mismo?
- No lo sé. Sé que le gusta Bill más que yo… Pero yo soy el de los polvos.
- No te sientas desdichado, hermano –me dijo entre risas.- A lo mejor él no le da el mismo placer que el que tú le das a ella– bromeó Jasper.
- No estoy para risas Jazz… Pero es que no sé si despedirme de ella o dejar las cosas como están…
- ¿Y Bella? ¿Sospecha algo?
- ¡Qué va!
- Pues lo que yo haría, dios no lo quiera – dijo entre risas, - es estar con ella y si surge, que surja… ¿no crees? Si pasa algo es por alguna razón, ¿no?
- ¿Qué están tramando? – Nos interrumpió Alice entrando en la habitación.
- Antes de preguntar, lávate al menos la cara cariño – le dijo Jasper con dulzura.
- Vale Jasper… Pero después me contáis, ¿de acuerdo? – Dijo Alice mientras se acercaba a mi hermano y le daba un beso.
- Bueno, bueno. Me voy antes de que os pongáis amorosos y pastelosos, ¿vale?
- Bueno tío, que tomes una buena decisión. ¡Suerte! – me dijo Jasper mientras me estrechaba la mano.

Me encaminé hacia el dormitorio de Shasha, no sin antes pasar por el de Bella, a ver cómo se encontraba. Estaba en posición fetal y dulcemente dormida. Subí las escaleras y cerré la puerta de la madre de Shasha. Fui al cuarto de baño y me dediqué unas palabras frente al espejo, para motivarme un poco. Seguí el pasillo y entré en la habitación de Shasha. Ya había despertado.
POV SHASHA

Aún era de noche cuando desperté… No podía dormir más, lo había hecho desde que Rhage me trajo a casa. Rhage era un vampiro diferente a los demás, era adulto, responsable, bromista, hermoso y muy solidario. Así lo fue conmigo, quizás porque su esposa también era humana, aunque yo ya no era humana del todo…

Por esa virtud pude lograr escaparme con ayuda de Rhage de aquel lugar… De aquel espantoso lugar. Desde que había descubierto mi condición de bruja todo me había ido a peor… Pero tengo que dar las gracias a mi virtud por haberme escapado de una buena.
- Shasha, ¿estás despierta? – Me tocó Edward el hombro.

Pensaba que se había marchado, pero no, había vuelto y seguro que me había visto despertar.

- Sí, ¿cómo estás? – Después de su confesión de amor supuse que, durante mi desaparición, lo tuvo que pasar mal.
- Pues me tenías preocupado – dijo desesperado mientras me abrazaba con fuerza.
- Pero ya estoy bien, gracias a Dios. No te preocupes más – le dije tranquilizándolo… - ¿Estás llorando Edward?
- No, sollozando… Bueno sí – dijo mientras hacia un intento de lágrimas que nunca soltaría.- No me vuelvas a hacer esto, ¿vale Shasha? – Me zarandeó por los hombros. – Nunca más, ¿me oyes?
- Yo no pretendía que me hiciesen nada… Era de día, no podría haber ningún vampiro del estado rondando. Sólo pretendía no aburrirme mientras dormía Bill…- En cuanto pronuncié su nombre me acordé de él y de su sufrimiento… También observé el sufrimiento de Edward en su cara cuando pronuncié su nombre.- ¿Sabes algo de Bill? – Sin embargo, le pregunté.
- Sí, estaba tan destrozado como yo Shasha… - me dijo apenado.
- ¿Qué te pasa Edward? No te apenes más, estoy bien.
- No es eso… ¿No te das cuentas que Bella y yo nos tenemos que ir dentro de tres días?
- Y ¿qué pasa? – Le pregunté… No quería ver la verdad, la verdad de que Edward ya no iba a estar aquí, cerca de mí…
- Shasha, ¿qué no entiendes de la situación?- Shasha, no lo ignores.- Shasha, respóndeme- me dijo Edward, enfureciéndose cada vez más.
De repente se escuchó un grito, procedente de la garganta de Bella.





- Edward, ¡corre! Algo malo le pasa a tu bebé – entró Alice por la puerta de mi habitación, algo había pasado en sus visiones.
Me levanté y me puse una bata corriendo mientras me dirigía a la habitación de mi prima. Observé a Bella desde la puerta del dormitorio. Le había fallado y no podía acercarme.
- ¡Bella! ¿Qué te sucede? – Preguntaba Edward desesperado.
- ¡El niño! Me duele, se mueve, ¡no sé! – Se desesperaba también Bella.
- ¡Alice! Llama a tu padre.
- Buena idea Shasha.

Se quedaron todos alrededor de Bella, incluida mi madre, mientras yo me dirigía a la cocina a hacerme un café bien cargado. Alguien tocó a la puerta. Imposible que sean los Cullen que faltan. Pero me equivocaba, era Bill. No me dirigió la palabra, solo me cogió de la cintura, me elevó y me abrazó. Yo le cogí del pelo, se lo zarandee y le besé en la coronilla. Lo había echado tanto de menos… Dios mío.

 

Nos miramos a los ojos y no dijimos nada… Tanto solo nos quedamos tocándolos y mirándonos… hasta que llegó Edward. Justo me separé, no quería que me viera así con Bill… Bill me miraba extraño… ¡Qué lío!
- Perdón por interrumpir – se disculpó Edward mirando hacia el suelo.- Shasha, Alice quiere hablar contigo.
- Vale, gracias- me dirigí a Bill.- Ponte cómodo, si quieres, ¿vale?

Subí escaleras arriba donde me esperaba Alice y Jasper.
- Shasha tenemos que hablar… Y es en serio- Y ahora qué hice yo…
- Sé que estás confundida Shasha, y yo soy bueno con los sentimientos… Así que te voy a ayudar, ¿vale?- Me dijo Jasper.
- Ayudarme ¿con qué?
- Shasha, no somos tontos… Somos mayores ya… - dijo Alice.
- Alice, calla y déjame a mí- dijo Jasper.- A ver Shasha, no lo hemos averiguado nosotros, sino nos lo dijo desesperado Edward… No sabe qué hacer
- Lo siento, pero yo no… - No finjas Shasha…
- Shasha ¡para ya! – Gritó Alice.- ¡No te hagas la loca!
- ¿Qué pasa aquí? – Dijo Bill cabreado. ¡Ups!- Shasha, ¿qué pasa?
- Mira Bill, no es por molestar ni nada pero… No te entrometas, no tiene nada que ver contigo… - Le dijo Alice.
- Todo lo que tenga que ver con Shasha me incumbe, ¿vale?
- ¿Estás seguro? – Dijo esta vez Edward… ¡Oh, oh!
- ¿Seguro de qué? Shasha es mi chica y toda ella me importa.
- Bill… Shasha no ha sido del todo sincera contigo… - dijo Edward.

En cuanto dijo eso me fui con un arrebato a mi dormitorio. Sabía que era una actitud niñata e inmadura pero no podía ver la cara de Bill en el momento en que le dijeran que me había acostado con Edward… En realidad no le era infiel, no era su pareja… pero yo me sentía infiel porque él se comportaba como un novio enamorado… Y yo no… No estaba enamorada… En estos momentos sólo quería estar con Edward, porque él era el único que sabía cómo me sentía. De repente entró por la ventana… Lo miró Perchon y se echó en el suelo… Lo dejó pasar.

Se acercó por la ventana y me abrazó con fuerza.
- Shasha, ¡en qué lío te has metido mi amor!- Me dijo Edward mientras me abrazaba.
- Edward yo no quería… Estoy confundida joder- dije desmoronándome mientras me arrodillaba en el suelo.
- Shh, shh, tranquila. Ya estoy aquí contigo, no te preocupes…
- Y Bella qué. Tú tienes que estar con mi prima y tu futuro hijo – le reproché.
- Ahora mismo está sedada Bella y eso le durará horas. Ahora tú y yo lo vamos a solucionar Shasha.
- ¿Qué haremos?- Pregunté confundida.
- Escaparnos Shasha. Tenemos, los dos, que pensar en nuestras vidas y en nuestros sentimientos. No se lo diremos a nadie en donde estaremos, solo huiremos, ¿de acuerdo?
- Pero y ¿Alice? Nos verá en nuestras visiones, ¿no?
- Trataré de confundirla, Shasha. Lo tengo todo planeado. En cuando amanezca y Bill desaparezca nos iremos – me dijo Edward con decisión.- Confía en mí, será bueno irnos- me dijo mientras cogía el picaporte de la puerta y se marchaba de mi habitación.

No sabía qué hacer, como de costumbre. Quería confiar en Edward, pero él estaba casado y con un futuro hijo revolviéndose como loco en el vientre de mi prima… Era una locura. Y Bill… irme sin más…

Comparando las reacciones de mi despertar con Edward y mi reencuentro más tarde con Bill, francamente me quedo con la reacción que tuve yo sobre Edward. Eso es lo que tendría que hacer, pensar en mí misma y en mis decisiones. Pasar absolutamente en las reacciones de los demás, aunque les duela y me duela mucho…

A las seis y media de la mañana justamente Edward entraba por la ventana. Tenía en las manos las llaves del Porsche de Alice y se dirigió a mi armario cogiendo todo lo necesario y metiéndolo en una de mis bolsas de deporte.


- Edward, ¿estás seguro? – Le dije mientras hacía mi cama.
- Claro que sí, todo por nuestro bien Shasha… Si tú no estuvieras segura no te hubieras levantado con la ropa puesta, ¿no?
- Yo sí estoy segura, he pensado y recapacitado. Lo único que necesito es cuidarme y apoyarme a mí misma. Buscar una solución. Pero, ¿y mi madre?
- Ya le he dejado una nota, he intentado copiar tu letra y no sé me da tan mal- dijo riéndose.
- Vale, y ¿Bella?
- Se encargará Alice, para algo es su cuñada y mejor amiga.
- Pero tú eres su marido – le interrumpí.
- No empieces Shasha, ya lo hemos decidido y hago esto no solo por mí, sino por las dos. Os queréis y por mi culpa os voy a separar- dijo Edward tomándome de la cara, con sinceridad.- Vamos, no perdamos más tiempo. Bill se ha cansado de esperar por ti y se ha marchado. Bella está dormida y Alice y Jasper están con ella, cuando despierten irán al aeropuerto de vuelta a Forks.

Sólo asentí con la cabeza. Cogí mis neceseres y mi bolsa y salí por la ventana, con ayuda de Edward. Nos metimos en el coche y le pregunté:
- ¿A dónde vamos Edward?
- Vamos a la isla Navassa, en el Caribe.
- ¿El Caribe? ¿Y cómo llegaremos Edward?
- He metido en tu bolsa tus libros de brujería, así que desde un piso que tiene mi padre en Nueva Orleans, harás un conjuro con el cual llegaremos.
- Pero… Yo no puedo hacer conjuros para mis beneficios Edward.
- Con esto no sólo te beneficias tú sola, también están Bill, yo y tu prima Shasha.
- De acuerdo- dije con un bostezo.
- Ahora duerme mientras nos dirigimos hacia allí.

Cerré los ojos mientras sentía las vibraciones del coche en el asiento, y así me adormilaba.

Al despertar observé que estaba sola en una habitación de un hotel y tenía ganas de estirar los pies así que fui a la ducha, me asee y me vestí. Al coger el picaporte de la puerta vi que había una nota de Edward:

Ni se te ocurra salir por la puerta, que luego pasa lo que pasa.
Fui a por comida para ti, mi amor.

Y así hice. No salí. Encendí la tele para pasar el tiempo. Y pasó. Edward llegó con dos bolsas de compra y se dirigió a una pequeña cocina americana que había en el pequeño apartamento. Se dispuso a prepararme el desayuno. Crepes de manzana, mis favoritos. ¿Cómo lo sabía Edward?
- ¿Cómo sabes que éstos son mis favoritos? – Le pregunté incrédula mientras alzaba con el tenedor un trozo de crepé.
- Tengo fuentes de información cariño.
- ¿Te lo dijo Alice?- Intenté sonsacarle.
- No – dijo entre risas.
- ¡Oye! Dime…- le hice pucheritos.
- Me lo dijo tu madre…- Me quedé con la boca abierta.- Tu madre no podía dormir el día que apareciste y yo no duermo, así que hablamos de… ti.
- ¿De mí?
- Sí, y en un arrebato le conté todo, menos de mi condición claro– me quedé con la boca aún más abierta.- Y lo mejor de todo, es que ella fue quien me dio el consejo.
- ¿Qué consejo? – Le pregunté rápidamente.
- El de marcharnos juntos para meditar… - Dijo en voz baja.

Mi madre era única, siempre pensaba lo mejor para mí y esto, sin duda, lo era.

Después de desayunar Edward salió y llamó por el móvil, seguramente a Alice. Yo aproveché y me acosté para despejar mi cabeza. Al rato tocaron a la puerta, como supuse que fue Edward le dije que pasara. Pero nadie entró al apartamento. Suspiré y me dirigí hacia la puerta.
- ¿No vas a entrar o qué?- Solté sin más. Cuando abrí los ojos vi a un rubio atractivo, atlético, alto y con una sonrisa en la cara que me daba mala espina.- Y ¿tú quién eres?
 

 



- Gracias por dejarme entrar…


- No, no. Aquí no vas a entrar- le dije interrumpiéndolo mientras lo empujaba fuera del apartamento, cosa que fue imposible.- Joder, qué eres de piedra o qué.
- Shhh rubita, tranquila- dijo poniendo un dedo sobre mis labios.- ¿Eres Shasha no?
- ¿Tú quién eres?- Le volví a preguntar. En verdad, su voz me resultaba muy familiar.
- Me llamo Eric Northman, para ti Señor Northman.
¡El vikingo! Quién me capturó- pensé de inmediato.- Hazte la loca… Edward estará cerca.
- ¿Eres muda Shasha?
- No sé quién es esa Shasha- le solté. Muy bien… aunque no ha sonado muy creíble.

Se acercó a mí y me tocó con su dedo índice la barbilla y el cuello.
- Sé perfectamente cuando alguien me miente… y tú lo estás haciendo en este momento- me rodeó y se puso en frente de mí.- Ahora dime preciosidad, ¿por qué no vuelves a Sheverport conmigo?
- Jamás. Además estoy acompañada y no tardarán en llegar.
- No por mucho tiem... – dijo mientras una mano le agarraba la garganta.

Y ahí estaba mi héroe. Edward lo cogía por la garganta para alejarlo de mí.

- Así que tú eres quién tenía presa a Shasha, cabrón.
- Y yo que me …- dijo escupiendo- esperaba a Bill Compton.
- Así que fue por él por qué la tenías…- dijo Edward soltándolo y cogiéndome de la cintura rápidamente. - ¿Por qué la cogiste a ella? ¿Por qué?- Le dijo Edward mientras le golpeaba en la cara.
- Porque todo lo que tiene Bill me interesa, tranquilo tío- le contestó Eric.
- Así que tú también le arrebataste a su antigua novia… - dije yo.
- Ni nombres a Sookie- me dijo Eric. Así que se llama Sookie…
- Entonces si Bill no la tiene, tú no la quieres, ¿no?- Eric confirmó asintiendo la cabeza.- Pues Shasha está conmigo, estamos pasando unos días románticos…
- Vale tío, no hace falta que te pongas así…- dijo Eric elevando los brazos. De repente desapareció de la habitación.
- ¿Qué coño quería éste Shasha?-Preguntó Edward.- Ya veo que a ti, pero ¿lo habías visto alguna vez?
- Estoy segura de que fue él quien me tuvo retenida en Sheverport…
- El vampiro rubio que vio Alice, ¿no?
- Sí…
- Bueno no pensemos más, hemos de irnos antes de que ese vampiro creído vuelva por aquí preciosa- me dijo mientras me daba un beso en la frente.

Después de arreglar nuestras cosas, nos dirigimos al porsche ahora de Edward, sacamos mis libros de brujería y formulé un conjuro para trasladarnos a cualquier lugar, aun no sabía si podía levitar tantos kilómetros sobre el mar y Edward no era de los vampiros que se desmaterializaban, así que lo mejor fue un conjuro… Unas palabras y el lugar escrito en un papel prendido fuego fue todo lo necesario. Cosa que funcionó, en cuestión de segundos tras hacerlo estábamos en la isla del Caribe.
- Es aquí. La isla Navassa – dijo Edward, relajado y, por lo visto, feliz.- Verás como a partir de ahora todo nos irá muy bien…

domingo, 18 de abril de 2010

Capítulo 14: Salvada y en soledad

Cuando abrí los ojos descubrí que estaba en una elegante cama de época con edredones de color oro y terciopelo rojo. Ya no estaba atada de pies y manos, seguía teniendo rojeces en las muñecas de ambas manos, pero ya no dolían tanto. Alcé la vista para ver dónde me encontraba. Era una habitación con un ventanal amplio, en la cual se filtraban los rayos del sol, con cortinas también de terciopelo rojo, haciendo juego con la cama. La cama era de madera antigua y arriba de ésta colgaba un dosel de tul blanco, muy bonito. A los pies de la cama había unos sillones de estilo gótico, con apoyaderos dorados y tapiz igualmente rojos.


Seguí examinando la habitación en donde me desperté ya que no quería, ni de lejos, recordar cómo había estado yo la noche, o saber si días, anteriores. Instintivamente me llegaron imágenes de la noche en la que me desperté y me golpeé gracias al manotazo que recibí del hombre de tez negra, me toqué la cabeza sacando mi mano de debajo de las sábanas calientes. No había rastro de la sangre. Mi pelo estaba limpio y olía a Herbal Essences… Igual que Bill… No quería ponerme melancólica ni mucho menos triste. Sé que no iba a salir de ahí, que iba a ser violada, drogada y utilizada ya fuera por vampiros o por humanos. Pero me juré a mí misma, que para ser menos utilizada de lo que iba a ser, no iba a revelar ningún poder de los que había heredado como bruja. No quería morir quemada en una hoguera como mis antepasadas, eso sí que no. Prefería un tiro en la cabeza limpio y rápido, que me quemaran por lo que soy, porque de ser una bruja estaba muy orgullosa.
- Hola, princesa – me dijo una mujer muy hermosa, de tez pálida y pelo rojizo, que estaba entrando por la puerta de la habitación. ¿Quién es ésta?- Veo que ya estás despierta. ¿Cómo te encuentras?


No hables, ni digas mú.
- Mmmm, veo que también eres muda, aparte de debilucha – murmuró ella.- Solo he venido a darte la bienvenida a mi mansión de Sheverport, es que tengo más… – dijo riéndose. Y a mí qué coño me interesa.- Y a comprobar si estabas bien… ¿Sabes? Lafayette hizo mal en golpearte, tú no tienes la culpa de nada reina… Si él se encapricha de una rubia como tú, es su problema… Y el tuyo también… Si lo miras por el lado malo.
- ¡Lo de Bill no es ningún capricho! – Dije atropelladamente, chillando y de golpe. No tenías que haber dicho nada estúpida. Abrí los ojos como platos y mire hacia las sábanas que cubrían mi abdomen.
- ¿Bill? Tengo un muy buen amigo llamado Bill… Vive cerca de aquí… Hace tiempo que no sé nada de él, desde que renunció a trabajar para mí perdí su contacto bonita – dijo mientras se limaba sus afiladas y alargadas uñas rojas.- Pero bueno, su nombre es Bill… ¿Es tu novio? No me interesa…
Seguí callada durante un buen rato mirando al mismo sitio que me propuse minutos atrás.
- Bueno chica de pocas palabras – dijo suspirando la pelirroja,- entonces, ¿no quieres saber qué vampiro se ha encaprichado de ti rubia bonita? – Dijo mientras sonreía y mostraba sus afilados colmillos.
Mierda. Finge que no sabes nada sobre vampiros Shasha. Mentir se te da bien, coño.
- ¿Por qué me miras así? ¿Nunca has visto un vampiro o crees que no existíamos?- Dijo mientras se acercaba.- Venga háblame, que no muerdo pequeña – dijo sarcásticamente. La muy…
- ¿Vampiros dijo? – Dije inocentemente. – Sólo en pelis y libros señora…
- Señorita – me interrumpió rápidamente.- Que aunque tenga más de 500 años sigo soltera… Los hombres, ya tú sabes. Aunque últimamente prefiero a las mujeres.
- Señorita Sophie preguntan por usted en la entrada principal de la mansión – la interrumpió una joven del servicio.
- Vale Amanda. ¿Sabes quién es? No esperaba a nadie…
- No, solo sé que es un joven, creo que vampiro, procedente del norte del país.
- ¿Del norte? ¡Qué raro! Bueno yo pensaba que era el novio de la querida humana… encima que tenía hambre – dijo mientras se relamía sus colmillos.- Hasta la vista rubita – se despidió mientras su criada cerraba la puerta quedándose dentro de la habitación.
La joven Amanda abrió los ventanales y empezó a limpiar el polvo de las cortinas de terciopelo. Siguió con el polvo de los muebles y del sillón del centro de la habitación.
- Si te molesta el polvo, lo dejo… - dijo de espaldas mientras limpiaba, sin dirigirse a mí.
- ¿Me hablas a mí? – Le dije temblorosa.
- Claro, solo estamos tú y yo. La verdad que has tenido suerte de que te escoja el joven Eric.
- ¿Quién es Eric?
- El jefe de Sheverport, el vampiro rubio y vikingo… ¿No lo conoces? Él te trajo aquí.
- No recuerdo nada… Sólo que me choqué con algo y me desperté en un sitio oscuro. Luego un hombre me golpeó y desperté aquí… Espera, ¿vampiro?- Dije despacio.
- Sí, pero es muy bueno. Me dio trabajo aquí y ni me ha pedido sangre – dijo riéndose… Yo a su respuesta hice una mueca.- Creo que querrá tener relaciones contigo, por lo que he escuchado a la señorita Sophie, y si vas bien te convertirá en vampira… ¡Un privilegio!
- ¿Vampira? No, no. Yo no quiero. Tengo familia y novio… Me estarán buscando.
- Siento haberte dando tanta información. No le digas nada a Sophie y menos a Eric, por favor. Me tengo que ir. Encantada…- dijo yéndose de la habitación con sus trapos y plumeros, y dejándome hecha un mar de lágrimas… Yo, vampira… Sin Bill ni Edward… ¡¡Me quiero ir de aquí!!

PVO EDWARD

Conduje hasta la mansión de Bill y esperé por fuera hasta por la noche. A las 9 apareció Alice acompañada de Jasper en su porsche amarillo. Cuando estuvimos los tres juntos tocamos en la mansión de Bill.

- Bill, abre. Shasha ha desaparecido.
- Ya lo sé – dijo desesperado detrás de nosotros. Estaba sin camisa, embarrado y sucio.- Desde que se fue el sol a las siete de la tarde he estado buscándola por los alrededores y no la encuentro… ¿Sabéis algo de ella?

- Alice, sabe. Ella ve el futuro.
- Vi que cerca de un cementerio de por aquí se la llevaba a la fuerza un vampiro. No le vi la cara. Sólo vi eso Bill, lo siento – explicó Alice.
- Según mi padre, dice que eres inspector de esta zona y trabajas para un superior, ¿no?- Le dije mientras Bill asentía, con preocupación.- A lo mejor ese vampiro te estaba buscando, se distrajo y vio a Shasha como un buen aperitivo.
- Imposible, dejé de trabajar para Eric hace cinco meses. Tuve problemas con él y quise perder todo contacto con el tema de protección de la raza – se excusó Bill.
- ¿Y algún amigo o conocido?- Intervino Jasper.
- Hace tiempo que no veo a ningún conocido vampiro, desde que fui a tu boda Edward, así que no lo sé… - me dijo desesperado.
- Bueno dejad de sacar conclusiones y nos ponemos en marcha. Sólo sé que fue un vampiro quien se llevo a Shasha ¿no? – Dijo Alice con decisión.- Pues a ver, vampiro de Louisiana, dinos a dónde pueden llevar los vampiros de por aquí a sus presas.
- Pues en Bon Temps el único vampiro soy yo, y lo más cerca donde haya vampiros es en Sheveport. ¿Podríamos ir por allí?
- Claro que sí Bill. Pues vámonos.
- ¡Manos a la obra! – Exclamó esperanzado.



- ¡Esperad! – Interrumpió Alice mientras nos dirigíamos Jasper, Bill y yo a su coche.- Lo siento Bill, y no es por no ser amable, pero… Tú en mi coche no entrarás así – le dijo Alice mirándolo de arriba abajo. Era verdad, Bill estaba lleno de barro y con la ropa sucia.
- Os prometo que soy muy rápido aseándome- dijo Bill entrando a su casa.- Por cierto, muchas gracias.

PVO SHASHA
Después de que Amanda, la criada, me hubiera dado tanta información y me hubiera dejado llorando como una tonta, me quedé dormida. Durmiendo pensaba que sería de mí, a dónde me llevaría esta situación. Si volvería a ver a mis padres o incluso a mi prima Bella. Si volvería a reencontrarme con Bill y con su amor olvidarme de todo o si, por el contrario, encontrarme con Edward y mediante sacudidas volver a mi vida normal tan complicada…
Un toque a la puerta me interrumpió. No sabía si decir “pase” o no, no era mi casa. Así que me acurruqué hacia un lado y me hice la dormida. Entró la mujer del pelo rojo, Sophie, y entraba con un chico rubio, alto y fornido. ¿Sería el rubio vikingo? No sé, yo lo veía muy cosmopolita.
- Como te estaba diciendo, Eric ha rescatado a esta belleza rubia que iba a ser engullida por el joven Lafayette.
- ¿Lafayette? Es el chico negro, ¿no?
- Sí, el mismo. Llevará menos de dos años como vampiro y ve carne y sangre fresca y se entusiasma el pobre. A mí, con la edad que tengo, ya ni me acuerdo de ese sentimiento… ¿Y a ti? ¿Cómo te va con tu esposa?
- Bien, bien. Mary se acostumbra a la vida vampírica como humana, pero tú sabes que mi raza no es la misma que la tuya.
- ¿Y cómo llevas eso de no beber de tu compañera? Mmmm, sería delicioso beber de tu compañera y más siendo humana.
- Ya sabes que no nos regimos por esa regla Sophie. No bebemos sangre humana, sino sangre de nuestra compañera femenina – dijo el chico riéndose.
Otra raza de vampiros… Interesante
- Y… ¿Qué quieres de esta chica, Sophie?- Se interesó el chico.
Mejor presto atención, mmm…
- Pues… No lo sé. Eric la quería para uso propio… Aunque si te la quieres llevar a Nueva York, te dejo que la observes durante un rato- hubo un gran silencio.- Bueno, voy a salir un momento Rhage. Quédate aquí.
La mujer salió y se quedó lejos de mí el vampiro rubio, Rhage. Ya sabes que no es el “famoso Eric”. Yo me quedé quieta, hasta que lo escuché acercarse…
- Sé que estás despierta – me dijo. Yo ni me moví.- Lo sé por tu respiración, no es como la de las personas cuando duermen… ¡Venga deja de fingir!


 

Abrí los ojos y entonces le vi. Era guapísimo, parecía una estrella de cine, musculado, con ojos claros y siempre sonriente.
- Creo que me suena tu cara… - Me dijo él.
Entonces caí. Recordé todo lo que habló con la mujer y lo relacioné. Encajaba, y se parecía. No se parecía, era la misma persona. El amigo de Bill.
- Mmmm, creo que te conozco- le dije yo.
- ¿De qué? Es que ahora no caigo.
- ¿Eres amigo de Bill? ¿Bill Compton?
- Claro… ¡Ya sé! Te conocí con Mary, mi esposa, en Baton Rouge, ¿no?
- ¡Sí! ¡Sácame de aquí, por favor! – Grité desesperada.
- ¡Shhh! – Bajó la voz.- Por supuesto. ¿Y Bill?
- Pues, Bill, cuando me secuestraron, estaba en su ataúd, fue en pleno mediodía… Ahora estará buscándome, espero.
- Joder. Tranquila, te sacaré. Ningún humano se merece esto.
- Gracias.
De repente entró de nuevo Sophie y Rhage me dijo a lo bajo que me hiciera la dormida.
- ¿Qué? ¿Has observado a la rubita?
- Sí. Y si no hace falta por aquí, no me importaría llevármela a Nueva York. Encajaría de vampiresa de la corte. Tiene porte y elegancia- dijo riéndose.- Al menos durmiendo.
- Pues eso dependerá de Eric. Pero aún no se encuentra por aquí, está en Nueva Orleans haciendo un papeleo de uno de sus negocios. Si te importa esperar… ¿Estás bien alimentado?
- Sí, no te preocupes. Pero si tienes un Gin Tonic para ir abriendo hueco, estaría bien.
- Muy bien, voy en busca de mi criada Amanda- dijo Sophie mientras iba camino de la puerta.
- Vale Shasha. ¿Dónde tienes tus cosas?
- Me raptaron con una bata de seda… Y no sé nada de ella…
- Pues te vas así mismo. ¿Te importa? – Negué con la cabeza.- De acuerdo. Pues en cuanto despiste a Sophie, te levantas y nos tiramos por la ventana. Sólo son dos pisos y hay un árbol cerca – dijo mirando hacia el exterior por la ventana.- ¿Tienes miedo?
- Que va. He hecho cosas peores, Rhage… ¿Ese era tu nombre, no?
- Sí, me llamo Rhage – dijo riendo.- El problema son… estos barrotes de la ventana… Son muy gruesos y con mi fuerza ni los doblo.


Así que, ante este problema, hice memoria y recordé algo de mi libro de magia, algo que sirviera para doblar los barrotes. Con mi fuerza psíquica solo los doblaría. Eso es lo que hice primero. Me puse de pie y me toqué las sienes con las manos. Me concentré y los doblé.
- ¿Qué haces? – Me preguntó Rhage.- ¿Lo hiciste tú? ¿Cómo?- Sólo asentí. – Venga vete a la cama, viene Sophie.
- Amanda, este es el señor Rhage, sírvele su copa.
Amanda le fue sirviendo el Gin Tonic a Raghe, pero usé mi olfato y vi que no solo era el Gin Tonic… La bebida tenía algo, algo con veneno. ¿Qué pretendía la muy…? Quería decirle a Rhage que no se le ocurriera beber, pero claro me había dicho que me hiciera la dormida… ¿Qué hago? ¿Grito y la cago todo? No… tranquilízate. Muévete en la cama y tose… Sí… Eso fue lo que hice, me moví, pensando que sufría una pesadilla y chillé “no”.
Funcionó. A Rhage se le calló el vaso al suelo.
- Ay perdón, me asusté – dijo riéndose.
- Que un vampiro se asuste de pesadillas humanas no tiene precio – dijo riéndose la criada, Amanda, mientras recogía y limpiaba la bebida del suelo.
- Amanda, perdona… ¿Quién te ha dicho que puedas hablar con mis amistades? – Le dijo enfadada Sophie. La cogió del brazo y la sacó fuera. Sólo se escuchaban gritos por parte de Sophie y llantos de Amanda.
- Esta es nuestra oportunidad- me dijo Rhage.- ¿Sabes romper del todo los barrotes Shasha?
- Sí, no te asustes con lo que voy a hacer.
- De acuerdo. Tengo más de 300 años, tranquila – soltó una carcajada.
Fuerzas del bien,
sombras del mal.
Ayúdanos a salir de aquí
y déjanos escapar.
De repente, un halo de luz brillante entró por la ventana y vibró el suelo que estábamos pisando. Con un estruendo sonaron los barrotes cayéndose al suelo y al exterior de la habitación.
- ¡Asombroso! – Exclamó Rhage.- Me he quedado asombrado, en serio… Bueno, vamos. Tenemos prisa. Salta tu primero.
- No hará falta. Intentaré levitar – le dije. Mierda, le estoy desvelando muchas cosas.
Cogí impulso, cerré los ojos con fuerza y me desplacé más allá del suelo. Fuera de la valla de la mansión. Cuando abrí los ojos, estaba fuera ya de allí y estaba Rhage junto a mí.
- ¿Tú también levitaste?
- No, yo me desmaterializo – asentí, asombrada.- ¿Qué pasa? Bill no vuela ¿no?- Dijo riéndose y haciéndose el chulito.


Seguimos andando y llegamos a su coche, un Volkswagen Golf GTI. Conducía rápido y me gustaba. Me gustaba el riesgo y la velocidad. Salimos a las afueras de Sheverport, por la autovía del mismo lugar, dirección a Baton Rouge. Ya me las arreglaría para explicarles algo convincente a mis padres, si me encontrasen en mitad de la noche llegando a mi casa.
- Bueno, ¿al final a tu casa o a Bon Temps, con Bill? – Me dijo Rhage interrumpiendo a mis pensamientos.
- No, a mi casa por favor, si no es molestia claro – Rhage me negó con la cabeza.- La verdad que no quiero saber mucho por unos días del mundo vampírico, he tenido suficiente.
- Pero… el mundo de fantasía siempre lo vas a tener presente, ¿no? – Asentí sin ganas.- Mmmm, ¿qué eres Shasha?
- Soy una bruja celta. Mis antepasados cazaban vampiros… - dije con la cabeza gacha.
- Y tú no, por lo que sé. ¿No tienes impulsos de matarnos?
- He tenido impulsos de matar al marido de mi prima, que es un vampiro de otra raza diferente a la tuya.
- ¿Ah sí? Entonces conoces nuestro mundo muy bien, ¿no?
- Sí, me he documentado bien se podría decir – dije bromeando. Si tú supieras guapo…
Llegamos en veinte minutos, aproximadamente, a mi casa. Menos mal que mi padre había vuelto a Arizona y mi madre estaba durmiendo, como una tronca. Me despedí de Rhage y le agradecí todo lo que había hecho por mí. Si él no tuviera compañera no me lo hubiera pensado dos veces. Era muy amable y me dejó su teléfono y el de Mary, su mujer, por si quería quedar con ellos o hablar simplemente. Ese fue un detalle muy bonito.
Llegué a mi habitación y estaba Perchon, mi perro guardián, sobre mi cama. Preocupado saltó sobre mí.
¿Dónde has estado? ¡Tanto tiempo! Tu madre te matará. Ella pensaba que estarías con Bill pero algo me huele que no.
- Y tienes razón Perchon… Me han secuestrado, vampiros… - Perchon me ladró.- Shhh, vas a despertar a mi madre.
Pero ¿cómo? ¿Estás loca?
- ¿Y qué culpa tengo yo? Estaba distrayéndome, de día, mientras Bill descansaba del sol y me alejé demasiado, hasta que alguien me golpeó la cabeza. Luego me desperté en un sitio terrorífico con un vampiro gruñón, el cual me golpeó, y más tarde me desperté en una cama de lujo de una mansión. Me habían dicho que había sido elegida por un vampiro importante y por la noche me encontró un amigo de Bill que estaba de visita, que con mis poderes escapé con él y me trajo hasta aquí.
¿Y Bill sabe algo? Bella está aquí.
- ¿Aquí? Voy a hablar con ella para que avise a Edward.
Me dirigí a la habitación de invitados y ahí estaba despierta, dando vueltas por la cama.
- Hola… ¿Qué haces despierta?
- ¡Shasha! ¡Apareciste! Debo avisar a Edward y luego te meto en la ducha y me cuentas qué te ha pasado, ¿vale?
Con la supervisión de Bella, me recuperé poco a poco, hasta que llegó Edward y lo escuché tocar mi puerta. Me hice la dormida, cosa que se me daba bien…




miércoles, 17 de febrero de 2010

Capítulo 13: Alrededor de la nada

Al amanecer me encontraba sola en la cama de Bill. No quería que sucediera nada sin antes hablar con él sobre lo de Edward, pero al final sucedió. Me hizo suya solo con oírme hablar. Me sentí en la gloria con el sonido de su respiración sobre mí y de su posesión, era suya, le pertenecía, pero… Yo me sentía sucia y despreciable. Bill me quería, me amaba, pero me había acostado con Edward, por el cual solo sentía deseo, pasión y ganas de tirármelo en cualquier rincón del universo, en público o en privado. Edward me había dicho que era un hombre con principios y responsabilidades, y también me había dicho que estaba enamorado de mí y de su esposa, mi prima. Esas dos afirmaciones poco tenían que ver con la realidad que yo estaba viviendo.


No sabía qué hacer en una casa tan grande como la de Bill yo sola, así que me levanté, cogí mis braguitas y vi un post-it de Bill al lado de un albornoz de seda de color hueso pálido.

Estoy en el sótano, “echando mi siesta diurna”, coge lo que quieras de la cocina, hay comida para ti. Después puedes jugar a las videoconsolas, conectarte a internet, ver la tele o simplemente prepararme la cena. Te amo princesa.



Qué sarcástico que era para ser un vampiro. Y otra vez me había dicho las dos palabras “mágicas”…

Cogí mi bolso y saqué mi teléfono móvil para avisar a mi madre de que había pasado la noche en casa de Bill. No sabría cómo se lo tomaría, a pesar de que Bill le gustaba, era mucho más mayor que yo. Por supuesto, mi padre se lo tomaría mal, solo tuve que ver la reacción que tuvo al conocerlo justo ayer.

Vaya, no hay cobertura. Voy a bajar al piso de abajo – pensé. Cogí una camisa de botones que había en el respaldar de un sillón del dormitorio de Bill y me la puse debajo del camisón. Era pleno agosto pero estaba refrescando un poco, muy raro estando en Bon Temps, unos de los pueblos más calurosos en el estado de Louisiana.

Como aún no tenía cobertura en el teléfono en el piso de abajo, salí al jardín seco propio del verano para contactar con mi madre. Nada, aún no conseguía nada… Me estaba empezando un poco a mosquear con este dichoso pueblo, así que caminé un poco más con el móvil en alto como una idiota. De repente, escuché un ruido entre los arbustos, lo que me hizo sobresaltarme. Qué raro, Bill no tiene unas vallas que delimiten entre unas casas y otras… Joder, es que no hay más casas alrededor, ¡mierda! – Pensé asustada, mientras me di cuenta que ya no me encontraba cerca de la mansión grande y solitaria de Bill. ¡Oh, oh! – Joder cada vez estaba más asustada.


Miraba a mi alrededor y sólo había hierbajos secos, arbustos pequeños, helechos y árboles viejos. Y después de toda esa naturaleza, estaba yo, vestida simplemente con unas braguitas, una camisa de botones larga y un albornoz fino. Ya no me acordaba en qué dirección estaba la casa de Bill y él no podría ayudarme si lo llamaba, aún era pleno mediodía y él estaba durmiendo plenamente en la oscuridad de su ataúd.


Intenté recordar algún conjuro del libro de brujería de mi abuela, pero no recordara alguna que sirviera para esta situación… Me senté en una piedra robusta del medio del bosque, cerré los ojos fuertemente y me concentré, a ver si encontraba alguna solución. De nuevo escuché el mismo sonido que venía de los arbustos de mi alrededor.

- ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? – Dije en voz alta y asustada.



Abrí los ojos y miré detrás de mí… ¡Ay señor! Que estoy en el cementerio… ¡Qué yuyu!- Al ver dónde me encontraba, me até más fuerte la bata a mi cintura y aligeré el paso lejos del cementerio, mirando de vez en cuando hacia éste… por si las moscas, nunca se sabe. De repente me topé con algo duro y me caí al suelo, dejándome sin conocimiento y entrando en un sueño profundo e incesante…

PVO BILL

Después de dejar durmiendo a Shasha en mi cama de matrimonio, bajé a la cocina y me tomé un poco de sangre True Blood, la sangre fresca del frigorífico sustituiría a la sangre que le “robé” a Shasha mientras le hacía el amor. Estaba sediento de sangre, a pesar de haberme alimentado un poco de ella. No sabía si eran cosas mías, pero la sangre de Shasha era muy diferente a todas las que había probado. Para quitarme ese sabor extraño y, con perdón y respeto a ella, un poco asqueroso, abrí una botella de sangre fresca del tipo AB. Su sangre no me alimentaba del todo, pero aún así la mordía por pura pasión y morbo. Al morder su dulce y esquelético cuello, se me ponía dura mi polla muerta. Era una eyaculación inminente al probar su sangre y sentir mis afilados colmillos rompiendo la piel de su cuello y entrando en su vena yugular. Sentir esa sangre entrando en mi boca y llenarla, aunque no me gustara su sabor, hacía que mi polla palpitara como nunca.

Ella era una diosa del sexo y yo un romántico empedernido. Era, o eso parecía, una loca experimentada, se dejaba hacer de todo y yo poco le hacía. Yo no estaba seguro de poder hacer todo lo que quería y lo que había experimentando en mi siglo de vida, porque con todas las humanas con las que había estado las trataba con cuidado y dulzura, con miedo a hacerles daño. Pero con Shasha era diferente, parecía una vampira, quería más y con riesgo. Sentía su poder sobre mí mientras la hacía mía.

Yo, en cambio, quería expresarle con caricias, hechos y palabras mi amor por ella, no podía dejar de decirle cuánto la amaba. Era un sentimiento similar al que sentía por mi esposa durante mi vida como humano y que pensaba no poder recuperarlo después de todo lo que me había pasado en mi vida como vampiro. Cuando era joven me dejaba llevar por vampiras de apariencia joven, bellas y experimentadas, pero éstas solo quería ser dueñas de mí y utilizarme para sacarse provecho. Después solo estaba con vampiras por puro placer y deseo, olvidándome de ellas a la noche siguiente. Y por último, conocí y me enamoré de una humana, vecina de mi mansión en Bon Temps. Sookie era un caso especial, una humana especial; ella era telépata, podía leer las mentes de la gente, algo que la frustraba, le producía dolores de cabeza y le hacía sentir inferior frente a las demás personas. Ella conmigo encontró un amor diferente, puesto que las mentes de los vampiros no podía leerlas al estar muertos. Al estar conmigo era un alivio, pero en mi mundo descubrió aspectos diferentes y más vampiros, con los cuales me traicionó mientras yo seguía locamente enamorado de ella. Sentía que iba a morir del profundo dolor que hería en mi alma… Siempre había pensando que todavía mi alma se hallaba en mí, puesto que nunca he matado por matar, por sentirme superior frente a los humanos, he amenazado y hecho daño siempre y cuando lo he visto justo y necesario. Con Shasha me sentía pleno, y, por primera vez durante mi vida como vampiro, tenía miedo e inseguridad que ella no sintiera lo mismo o algo cercano hacia mí.


Tras beberme dos botellas de True Blood y haber reflexionado sobre mis relaciones con las féminas, subí de nuevo a la habitación para darle un beso a Shasha de buenas noches- buenos días y le escribí una nota donde le decía que no iba a estar durante el día para ella porque estaría en mi ataúd. Me dirigí a sótano y cerré la tapa del ataúd. Ahí estuve durmiendo profundamente como unas 6 o 7 horas, hasta que me desperté sobresaltado… Algo le había pasado a Shasha…


- ¿Qué coño ha pasado ahora? – Dije alterado.

Estaba seguro porque tenía esa sensación debido a su sangre fluyendo en su interior. Y no podía hacer absolutamente nada. Estaba ahí, en el interior de mi ataúd, con una desesperación terrible y sin poder salir. Sentía el calor del sol a través de las sombras del ataúd. Tenía dos opciones. Si salía ahí fuera moriría quemado en el intento. Si no salía y me quedaba en la oscuridad, Shasha podría morir y todo por mi culpa… Aunque Bill, no estás seguro de que pueda estar en apuros Shasha… – pensé un poco optimista… Eso no me servía de nada… Seguía preocupado y encerrado.

PVO EDWARD


- ¡Edward, el móvil te suena! – Me gritó Bella.

- ¡Amor tráemelo! Estoy un poco ocupado.

- ¡No puedo! Me duele la tripa… - dijo quejándose.

Esta mujer está embarazada cuando le interesa…- Pensé mientras me levantaba del escritorio y me dirigía al dormitorio del hotel de Baton Rouge donde nos alojábamos. Cogí el móvil y vi el nombre de mi hermana Alice reflejado en la pantalla…

- ¡Qué raro! Es Alice, Bella.


- ¿Habrá ocurrido algo? ¡Cógelo! ¿A qué esperas? – Me dijo Bella algo inquieta mientras se tocaba la barriga ya notable.


- Hola enana, ¿qué pasa? – Dije dirigiéndome al teléfono móvil.

- ¡Edward! ¿Dónde estás? ¿Con quién estás? – Me dijo Alice chillando y atropelladamente.

- Tranquila, tranquila. A ver, ¿qué te pasa? Estoy con Bella en un hotel en Baton Rouge, porque estoy conociendo a su familia de aquí.

- Y… ¿Shasha? ¿Está con Bill? – Me preguntó dudosa.

- ¿Shasha? – Me empecé a preocupar.- ¿Le ha pasado algo a Shasha? ¿Qué has visto, joder Alice?

- Cariño, ¿qué pasa con Shasha? – Me dijo Bella desde la cama intentando moverse con dolor.

- Espera Alice – tapé el audífono del teléfono.- Bella no te muevas de la cama, mi amor, que estás mal. Voy a la otra habitación a hablar con Alice, que ha pasado algo y no sé el qué, ¿vale?

- Vale, pero… dime lo que pasa cuando termines – me dijo mientras me acercaba y le daba un pequeño beso en los labios.

Ya en la otra habitación del pequeño apartamento, respiré profundamente y comencé a hablar con mi hermana. Algo me olía raro y tenía que estar preparado…


- Alice, dime ya, que estoy solo.


- A ver, respóndeme lo último que te pregunté. ¿Dónde está Shasha, las has visto últimamente? ¿Sabes si está con Bill?

- No lo sé, habla más despacio “terremoto”. Ayer estuvimos en casa de Shasha, y creo que iba a salir con Bill por la noche. Pero desde ahí no sé nada más. ¿Por qué Alice? ¿Qué has visto?

- A ver Edward, primeramente te llamo, porque sé que te preocupa Shasha y sé que sientes algo por ella importante, ya sea amorosa o sensualmente.

- Mmmm, ¿y tú cómo coño sabes eso? – Me estaba empezando a desesperar y a mosquear con mi hermana.

- Por si no lo recuerdas… Veo el futuro Edward… Y vi que sucedía… Así que… cuéntame, ¿ya sucedió?

- Sí, mierda, ya pasó. Pero joder, no le digas nada a Carlise y menos a Esme… Y, por supuesto, por muy amiga que seas de Bella, no le digas nada a ella, por favor… Estoy esperando el momento, estoy hecho un lío y Bella está algo enferma por el embarazo… Así que… ¿me quieres decir de una puñetera vez que coño le pasa a Shasha?

- Vale, pero respira hondo ¿ok? No interfieras mucho en su situación futura, porque veo a Bill muy enamorado de ella.

- ¿Y yo qué Alice? – La corté en seco.- Yo también lo estoy…

- Tú ya tienes una esposa Edward Cullen. Así que te voy a decir qué pasa y qué vas hacer. Intentas salvarla y te quedas como antes, como el marido de su prima, ¿de acuerdo?

- Joder, sí. – Eso no se lo cree ni ella.- Dime ya qué sucede Alice.

- Shasha estaba en la casa de Bill, pasó la noche allí. Y como Bill no puede salir a luz de sol no puede ayudarla… Y la han secuestrado. En un bosque, cercano al cementerio colindante de la mansión de los Compton. No he visto quién, pero sí sé que ha sido uno como nosotros –soltó todo atropelladamente.

- ¿Un vampiro? Mierda… - ¿Por qué a Shasha, joder?

- Sí, un vampiro de la zona – se paró en seco.- Espera, no sabía que había vampiros en Bon Temps, Edward… Pensaba que Bill era el único de por ahí.

- Pero en Sheverport sí que los hay, y hay docenas… Sheverport está cerca de Bon Temps, Alice.

- ¿Puede ser de ahí ese vampiro Edward? No conozco la zona… Después pregunto a Jasper si conoce esa parte del sur del país.

- Alice, ¿por qué no le preguntas a Carlisle quiénes son los jefes de esa zona? Sé que la reina del estado de Louisiana es una tal Sophie-Anne, pero nada más.

- Carlisle dice que el jefe de esa zona es un vampiro muy viejo y vikingo, espera, ¿vikingo Carlisle? – Le dijo Alice a mi padre extrañada.- Pues ese hombre ese llama Eric Northman, que si quieres contactar con él tiene un local nocturno en Sheveport, donde la mayoría de sus clientes son vampiros…

- Vale, entonces me pondré en contacto con él, a ver si sabe algo. – Alice se quedó callada un momento.- Alice, ¿sigues ahí?

- Edward, papá ha averiguado algo más que no sabíamos… Bill es el inspector de la zona cinco de Louisiana, es decir, de la zona donde manda el vampiro Vikingo.

- Y ¿qué tiene que ver eso? No lo entiendo…

- Que podía haber algún vampiro por los alrededores para contactar con Bill cuando Shasha estuvo por ahí… Y se cogió a Shasha de presa, Edward…

- Mierda… - Mi mundo se desmoronaba.- Bueno Alice te dejo, que cuanto más tarde en investigar y llegar a la zona, puede ser peor para Shasha…

- Vale hermano. Adiós, si necesitas algo sabes que con mi porsche llego en un momento. ¡Suerte! – Se despidió Alice.

Guardé el teléfono en el bolsillo de mi pantalón y mandé a Bella a coger algo de ropa para dejarla en casa de Shasha.


- Pero, déjame irme contigo Edward, Shasha es mi prima.

- ¿Cómo vas a venir conmigo con esa tripa dando por culo todo el día Bella?

- ¡Cómo que dando por culo Edward! Es tu hijo también – dijo alterada.

- Vale, perdona. Pero cuanto más tarde, es peor querida. Así que si te encuentras mal tienes a tus tíos contigo, a tu disposición.

- Perdonado, pero solo acepto para que el bebé esté bien – me dijo dulcemente. No podía amar más a esta chica, era mi vida.- Venga, vámonos ya – me dijo rápidamente.

Me dirigí con Bella a la casa de Shasha y, sin comentar nada a sus padres, me fui rápidamente. Menudo marrón, lo de sus padres – pensé mientras me dirigía hacia Bon Temps… Tenía que encontrar a Shasha, o en su defecto a Bill y ayudarnos mutuamente. ¿Shasha le habrá dicho algo de nosotros? No es hora de pensar en eso Edward…



PVO SHASHA


Me sentía magullada por todas partes, con mucho dolor de cabeza y con mucho frío. No sabía dónde me encontraba, así que intenté abrir los ojos, muy lentamente.

Según los abrí, vi una habitación con luces rojas y negras, parecía un sótano o una habitación procedente de un puticlub. Vi a un hombre de raza negra, muy guapo, fuerte y de cara amable.

- Hola pequeña, ¿estás bien? – Me dijo el hombre. Yo asentí sin poder pronunciar ninguna palabra, estaba muy asustada, y más después de ver que tenía atados los pies. - ¿Quiere que te ate también las manos? – me dijo de nuevo con un tono de voz persuasivo y malvado. Yo negué con la cabeza, no quería sentir más dolor procedente de alguien desconocido.



De todas formas, me ató las manos también. Estaba temblando y me abofeteó para que estuviese quieta. A continuación, me eché a llorar como una magdalena en cuanto sentí un chorro de sangre que resbalaba desde una esquina de la cabeza. El hombre se acercó y me tocó la herida, oliéndola y sonriendo. ¿Sería un vampiro también?


- Mmmm, esto le gustará al jefe – dijo el hombre mientras saboreaba la sangre de sus dedos marrones y anchos.



Según me seguía tocando la cabeza y seguía disfrutando del sabor de mi sangre, me sentía desvanecer, con dolores profundos de cabeza y escalofríos por todo el cuerpo.


Necesitaba a Bill, necesitaba que estuviera conmigo abrazándome, diciéndome que todo iría bien y que amaba con todo su ser… ¿O necesitaba a Edward y su calor y deseo reconfortante? No sé que necesitaba ahora mismo, sino salir, estar a salvo y con mis padres como estaba hacía tres meses…

Finalmente me desvanecí, queriendo estar así, en ese mismo estado, por mucho tiempo. Al menos el tiempo en que no pudiera estar sana y salva.

miércoles, 13 de enero de 2010

Capítulo 12

A la mañana siguiente, mi actitud no era tan normal como siempre. Aún seguía con algo de shock e inquietud por lo sucedido en la madrugada con Edward. Era casi imposible que un hombre se enamorara de dos mujeres a la vez, y más, si éstas eran primas y amigas. No lo entendía la verdad.
Tenía una gran mezcla de sentimientos en mi cuerpo. Por Edward sentía una pasión frenética, que me acaloraba todo el cuerpo con tan solo mirarle, pero, desde la pasada noche, algo en mi interior, cerca de mi pecho, me mostraba que no solo era pasión y ganas de tener sexo con él lo que sentía. Y Bill… ¿qué pasaría Bill? Bill era mi amor. Mi corazón, cada vez que lo veía, se desbocaba de mi pecho, y, cada vez que me miraba, había una luz detrás de él que me animaba a seguir adelante con mi vida.
Hacía muchos años que nadie se interesaba por mi, todo eran juegos y manipulaciones conmigo, querían que fuera su marioneta fácil de manejar. Un par de años más tarde, me concentré en mi carrera y en mi futuro, decidida a no tener nada con nadie, en volcarme de lleno a mi familia y a mí misma. Pero en menos de tres meses, después de varios años, todo lo que me había prometido, se iba al garete. Vale, sabía que con Bill podía ir probando, a ver qué tal… Después, al pasar el tiempo, me sentía muy a gusto con él, y veía futuro en nuestra relación, como una pareja, dentro de todo lo que cabe, “normal”. Así que, con él a mi lado, podía no traicionar mi promesa hecha varios años atrás.
Pero después paso lo que pasó con Edward. Desde el día de su boda, me impresionó bastante, pero en cuanto escuché el sí quiero hacia mi prima, supe que no debía, por muy bueno que estuviera. Después yo no hice exactamente nada. Fue él, primero empezó ayudándome con mis líos de la brujería, acercándome su experiencia y sabiduría. Más tarde, se equivocó de los sentimientos que yo le ofrecía. Vale que yo coqueteara con él en Europa, pero eran juegos para sacarle de quicio, nada más. Lo que ocurrió en los aseos del avión, fue la gota que colmó el vaso. Yo no quería hacer nada con él, estaba en medio de un debate con un grano de mi cara, y él me pillo desprevenida tras una fuerte turbulencia…
- Shasha, cariño. ¿Quieres gofres o tostadas? – interrumpió mi madre en mi cabeza.


- ¿Qué dices mamá?
- Esta es la tercera vez que te lo he preguntado Shasha. ¿Qué quieres desayunar hija? ¿Tostadas o gofres?
- Ay, perdón. No te había escuchado… Ponme gofres, rellenos de muuucho chocolate. A ver si engordo y los tíos pasan de mí.
- Ay hija. ¿Qué te habrá pasado por Europa? El jet-lag te dejó trastocada – dijo mi madre riendo.
- Mamá, por cierto, ¿qué fue exactamente lo que te contó Bill? – Dije acordándome.
- Ah, bueno. Él me contó así por encima, como para descubrir la sorpresa…
- ¿Qué sorpresa? Mamá, no entiendo nada. Vete al grano, por favor.
- Vale, hija. Pues Bill me contó que te habías ganado un premio y se te iba a vencer la fecha, así que te fuiste con el premio a Europa, y que no habías contado nada porque era un viaje para tres. Entonces, les hiciste un regalo de bodas a tu prima y su marido. Y, que en Europa, tenías otro premio, pero que ese era para mí… Así que no tengas prisa, cariño, cuando tú puedas y quieras me lo das – me dijo sonriente… ¡Que historieta te gastas Bill! Tendré que llamarlo finalmente para agradecérselo.
Me fui a mi habitación después de desayunar con Perchon y encendí mi portátil… A lo mejor tendría algún email de Bill y así no tendría que llamarlo. Tenía miedo a soltarle de repente mi polvo con Edward por puro remordimiento. Pues sí, tenía un email de Bill en mi bandeja de entrada, bueno dos. Uno era contándome exactamente lo que me había dicho mi madre y también me comentaba que él tenía el regalo de mi madre. Buena idea Bill, maravillosa idea. El segundo correo decía unas tres veces por qué no le cogía el teléfono, que si estaba enferma de verdad y “blablabla”.
Después de estar con el portátil, me metí en la ducha y dejé a Perchon abajo con mi madre. Escuché el timbre de la puerta según me metí en el baño, pero no quise darle importancia. En medio de mi ducha mañanera, escuché movimiento en medio del baño.
- Perchon, ¿qué pasa? Venga, vete abajo con mi madre- le dije a mi nuevo perro guardián. - Perchon, ¿no me escuchas?
No recibía contestación, así que me asomé un poco a través de la cortina de la ducha. Pero si no hay nadie, qué raro – pensé de inmediato. Seguí frotándome más, para enjuagarme y salir de la ducha, cuando escuché otro ruido similar al anterior. Cerré el grifo rápidamente, y miré otra vez.
- ¿Qué coño haces aquí? Cuento hasta tres… sino empiezo a gritar, y alto…. – Le dije a Edward. Pero ¿qué se creía que hacía ahí? Menudo pervertido…- Uno… Dos… y…


- Shhh, Shasha – dijo tapándome la boca y metido en la bañera junto a mí. – Por favor, calla. Quiero hablar contigo, nada más. Déjame explicarme.
Por más que intentará hablar no podía, me tenía inmovilizada… Así que, con mi poder mental, lo empujé contra los azulejos de la pared. Cogí una toalla con mi poca rapidez y me enfrenté a él.
- A ver… ¿qué quieres, maldito pervertido de mierda?
- Tranquilízate Shasha. Solo quería que supieras como me sentía por ti…
- Eso no es nuevo Edward Cullen. No sé si lo recuerdas, pero alguien muy parecido a ti, me despertó en medio de la madrugada, alarmó a mi pobre perrito, y me confesó sus sentimientos. No hay más que hablar. Yo soy una mujer libre y tú estás casado. Tienes que cumplir con tu esposa, y yo haré lo que me plazca. ¿Te queda claro?
- Sí Shasha. Pero… - se colocó fugazmente en frente mía, cara a cara, cuerpo a cuerpo, con sus manos rodeándome la cintura, - no dejo de pensar en ti - dijo pasando su aliento a mi boca, penetrando sus ojos en los míos, escuchando su corazón muerto palpitar.


- Y ¿qué Edward? Yo tampoco. Pero ni en ti ni en Bella, pienso en mi prima, por el amor de Dios – le reproché, soltándome de él, sin quererlo.
- Yo también pienso en ella – dijo cogiéndome de nuevo, pero esta vez con un mano en mi muslo, - pero es posible que esto siga sin que se entere.
- ¿Estás loco? Es mi amiga, yo no traiciono a mis amigas. Además, ¿qué nombre tiene esto Edward?
- Nombre… ¡qué más da darle un nombre nena! – Dijo mientras subía su mano por mi muslo al interior de mis piernas.
- ¡No Edward! No sigas. Aparta tu mano de mí – le dije, consciente de lo que podría suceder a continuación.
- ¿Qué pasa si no la quito? – siguió subiéndola hasta alcanzar mi clítoris y pellizcarlo. Gemí lentamente. Pero no me podía dejar llevar. Era un pensamiento un poco tardío cuando me di cuenta de que mi toalla se hallaba en la alfombra del baño. Qué alguien me dé fuerzas…- Shasha, no te puedes resistir a mis encantos, lo sabes…
¿Con que esas tenemos?- pensé, recordando de repente un conjuro que había leído la anterior madrugada.

Valentía del cielo,
poder infernal.
Dadme fuerzas
para poder parar.



Según pronuncié esas palabras en alto, hubo un resplandor de color púrpura entre los dos, y me hallaba en el mismo sitio, pero Edward se encontraba inmóvil en la puerta del baño. Asustado me dijo:
- ¿Qué diablos ha sido eso?
- Cosas de brujas, primito –dije mientras le abría mentalmente la puerta del baño, invitándolo a salir de ahí. – Ya te puedes ir largando.
Según se fue, me vestí y bajé al salón. Le pregunté a mi madre, delante de Edward y de Bella, si Bill había llamado, tan solo para llenar un poco de celos a Edward. Así que cogí mi móvil y llamé a Bill. No me lo cogía… ¡qué raro! Edward entró a la cocina, donde estaba yo con el teléfono.
- A lo mejor no te lo coge porque Bill estará durmiendo en su ataúd, ¿no crees? –me dijo haciéndose el chulo. Se me había olvidado por completo – pensé de inmediato.
- Ay, ¡que boba! Se me había olvidado… Es que siempre que duerme conmigo, duerme en una cama y los dos desnudos – toma esa Cullen. Según le solté eso, salió de la cocina gruñendo y enfurruñado.
Cogí un café para mi prima y se lo serví, y subí hacia mi dormitorio dispuesta a escribir un email a Bill, diciéndole que quería verlo esta noche. A lo mejor, de esa manera podría olvidarme un poco del cabrón de Edward, y dedicarme de lleno a Bill. Lo necesitaba. Mientras miraba la matriculación de la universidad para septiembre, ya que solo quedaba un mes, entró mi prima por la puerta.


- ¡Ey Shasha! ¿Has hablado con Bill? – me preguntó Bella.
- No, no he hablado directamente con él. Solo le he mandado un email, y cuando despierte espero que me responda.
- Ah, de acuerdo. ¿Qué tal si quedamos los cuatro? – Mala idea Bella…
- Mmmm no, no creo que sea buena idea Bella, quería estar con él a solas en verdad. Además, están en plena luna de miel con tu marido y…
- Sh, sh, sh. No molestáis para nada los dos Shasha. Hace años que no venía a Baton Rouge y la verdad que me gustaría recorrer los puntos de la ciudad que más te gustan – insistió Bella.
- Podemos hacerlo… ¿mañana? Esta noche viene mi padre y así podremos ir todos juntos, ¿te parece? – Le propuse intentando sacar alguna coartada.
- Pues… ¡Sí! Me gusta el plan. Así tendrás con Bill una noche íntima, que se te ve en la cara que lo necesitas ¡eh! – Me dijo con voz pilla mientras salía por la puerta.
Al llegar a la seis de la tarde, más o menos, me llamó Bill. Me dijo de vernos, que él me recogería y me invitaría a cenar románticamente, que tenía ganas de mí y quería quitarse la impresión de que yo estaba rara. Has dado en el clavo Bill – pensé.
Me recogió a las nueve y mi madre lo recibió. Ya lo conocía y ella le presentó a mi padre.
- ¿No es un poco mayor para mi hija? – Soltó mi padre, así sin más.


- ¡Ryan! Sé un poco más amable – le replicó mi madre.- Discúlpale Bill, es que lleva muchas horas conduciendo, es que es tan bobo que no cogió el tren – se disculpó hacia Bill.
- Vale, mamá y papá. Presentaciones hechas, Bill y yo nos vamos a dar un paseo – dije cogiéndome del brazo de Bill.
- Espera Shasha, no tan rápido – dijo Bill. Bill fue al coche y regresó muy rápido. Se trajo con si una bolsa de una tienda de marca cara.
Perchon se le acercó y merodeó por la bolsa, oliéndola por si acaso no era nada de confianza.
- ¡Ay perrito! Esto no es para ti. Es para tu dueña – dijo Bill riéndose y con voz tierna.
- ¿Para mí? – Pregunté sorprendida. No me merecía nada de él, la verdad.
- No Shasha, es para la dueña del perro. Es decir, tu madre. A ti, que yo sepa no te gustan los perros – cuando lo dijo todos rieron. Después Bill le dio la bolsa a mi madre, y, sin abrirla, nos despedimos y nos fuimos.
Bill me llevó en su coche hacia su pueblo, Bon Temps. Nunca había estado por allí. Se veía un poco despoblado pero a la vez, un pueblo humilde dentro de Louisiana, cerca de la ciudad de Shreveport. Llegamos a su casa, o más, a su mansión. Era como vieja, pero estaba reformada, y muy oscura. Propia para un vampiro como él.


- Pasa cielo – me dijo dulcemente mientras me abría la puerta de su casa como todo un caballero.
Nada más entrar eché un vistazo al techo, al suelo y a una luz que provenía de una habitación.
- ¿Son velas? – Le pregunté. Y seguí su rastro, hasta encontrarme en su salón lleno de velas y con una mesa de comedor preparada dulcemente, con rosas, servilletas rosas, vajillas de porcelana y oro y copas con cava preparado. - ¡Bill! No sé qué decir…


- Simplemente no digas nada – dijo mientras ponía un dedo sobre mis labios.
Me cogió suavemente la barbilla y posó sus dulces y carnosos labios sobre los míos. Sin quererlo, por la situación y el momento, solté un suspiro tímido, lo que le hizo a Bill sonreír, y apartarse de mi boca.
- Bueno, podemos dejar los besos para más tarde, que la noche es larga Shasha – me dijo sonriendo muy feliz.- Voy a ver cómo va la cena.
- Pero… ¿has dejado la comida haciéndose y las velas encendidas mientras has estado fuera de casa Bill? Se te podía haber quemado esta fantástica casa.
- No, no. Bueno sí, lo he dejado todo tal como lo ves, pero tiene una sencilla explicación.- ¿Una sencilla explicación? Y, sin más, se fue del salón dejándome con la duda. Al instante, regresó, pero esta vez me miraba tímidamente de arriba abajo, sin encontrarse con mis ojos:
- Bueno Shasha, quería presentarte a alguien… - ¿A alguien? Si solo esta la mesa puesta para dos…- ¡Vamos, sal! No seas tímida mujer- ¿Mujer? Uy, uy, uy…


- ¡Hola! – Me saludó una chica alta, de pelo pelirrojo atado lleno de tirabuzones inocentes. Tenía la tez tan pálida como Bill y pecas graciosas en la cara. Sin embargo, era una belleza de chica, bueno, de chica no. Se le veía más jovencita que yo. – Soy Jessica. Vampira también – dijo riéndose. Se acercó y me dio dos besos. Al dármelos se echó corriendo hacia detrás de Bill.- Encantada Shasha.
- Discúlpala, aun es nueva en esto del vampirismo- me dijo Bill.- Bueno Shasha, iba a ser una sorpresa, pero ya te la presento y así se explica el hecho de la comida al horno y las velas encendidas – dijo riéndose, yo también lo hice.
- Y… ¿Jessica vive aquí? ¿Contigo?
- Pues sí, la tuve que convertir en vampira, porque incumplí hace dos años el sistema de leyes reglamentarias de los vampiros del condado de Louisiana. Por mi error, ella está aquí. Me arrepiento muchísimo. He matado por hambre, pero nunca por placer. No me gusta que la gente pase el infierno que yo pasé en mi conversión. Así que, Jessica es como si fuera mi hija, una descontrolable adolescente.
- Ah, tu hija. Pues sí, con la edad que tienes ya va siendo hora – le reí la gracia.
Jessica se despidió y nos pusimos a cenar. La cena estaba riquísima y la mesa tan bien puesta… Me sentía de lujo cenando cara a cara con Bill.
- Menos mal que se fue Jessica… porque sino no podría abusar de ti como es debido preciosa – me dijo Bill sensualmente mientras se levantaba y se acercaba a mí. Pero era una mala idea, tenía la obligación de contarle lo mío con Edward… sí o sí.
- Si, jeje, menos mal – intenté disimular.
- ¿Pasa algo? – Bill me captó enseguida. - ¿Qué te preocupa Shasha?
- Mmmm… vamos demasiado rápido Bill…- balbucée.
Por Dios Shasha, no te vayas por las ramas y cuéntale la verdad. Pero no podía. Él me sonrió y dijo algo como que no sabía mentir, mientras yo seguía metida en mis quebraderos de cabeza. ¿Por qué era todo tan difícil? No podía pensar y organizarme si Bill seguía tocándome la rodilla y el muslo.
- ¡Para Bill! – Solté de repente. Su rostro cambió al completo.


- Nena, ¿me quieres decir qué te pasa? ¿Qué te hecho?
- Nada Bill – dije apenada.- La que te he hecho algo aquí soy yo… Soy una…
- Una princesa. Ven para aquí… - me dijo mientras tomaba con sus manos mi cara. Me abrazó tan fuerte y dulcemente a la vez que me olvidé por completo por qué estábamos abrazados.
Seguimos abrazados durante lo que me parecieron horas, después plantó un beso en mi frente y alcé la vista. Le miré, miré esos ojos azules que tanto me cautivaban… y así lo hicieron, me cautivaron. Acercó sus labios a los míos y me transportó a otra dimensión mientras me besaba. Sentía mariposas en mi estómago como nunca las había sentido. Con los ojos cerrados veía estrellas y los colores del arco iris. Junto a Bill, me sentía en el mismísimo cielo. Qué irreal, en el cielo con un muerto viviente. Sí, irreal pero cierto. Cierto porque sentía cada roce a flor de piel, porque no quería que cada roce se convirtiera en un final.
Sin darme cuenta mientras Bill me besada tan apasionado y románticamente, estaba en el regazo de Bill, mientras éste subía por las escaleras al segundo piso. ¿Me llevaría a su habitación? ¿Tendría cama?
- Te presento mi cama – dijo en cuanto llegamos a una habitación muy rústica, oscura y antigua.
- Pero… ¿y el ataúd Bill?
- En el sótano. Pero ésta sigue siendo mi cama de cuando era humano. Esta era mi casa, ¿sabes? Volví aquí hace tres años, después de vagabundear por medio mundo tras de varias décadas. Ya sabes… la tierra llama, y más si tienes un hogar y muchos recuerdos – dijo sincerándose.
- ¿Vivías aquí con tu mujer?
- Sí, y también con mis hijos. Y heredé la casa hace pocos años, proveniente de un bisnieto o tataranieto – dijo riéndose y mirando hacia el vacío.
- ¡Ey! Mírame, vuelve al presente – dije riendo. – Ahora estamos tú y yo, el pasado es pasado, puedes recordar pero no con esa cara tristona, sino positivo y alegre, por favor. Ahora sólo tú y yo, en esta habitación.
Nada más decirle eso, Bill se abalanzó a mí, y me empujó hacia la cama. Me besó frenéticamente y me quitó el vestido y los botines que llevaba, con la rapidez característica que poseen los vampiros como Bill. Me penetró salvajemente, como nunca lo había hecho, y me mordió los pezones y el cuello, dejándome un hilo de sangre de mi yugular correr por mi cuello y mi hombro izquierdo. Las sacudidas y embestidas no eran normales, iba a morir de orgasmos, uno tras otro. Bill, el encantador y tierno vampiro Bill, era un follador nato. Y me gustaba, pregúntame si me gustaba…
- Aaaayyy, me gustaaaaa – grité fuerte.
- A mí también me gusta nena – dijo en mitad de una sacudida de su pelvis.- Pero, ¿sabes lo mejor de todo preciosa? – Me preguntó mientras se paraba mirándome a los ojos, me levantaba una pierna y me penetraba más aún.
- ¿Qué? – Pregunté sin aliento.
- Que te amo más que a nadie en el mundo Shasha…


sábado, 5 de diciembre de 2009

Capítulo 11: Me protegen.

Durante el viaje hacia mi hogar, Edward no me miró ni habló conmigo. Estuvo atento a su esposa desde que esta se despertó. A Bella le surgieron molestias y Edward tenía que acompañarla al baño. Mientras tanto mi cabeza daba vueltas y vueltas a lo sucedido en el baño. ¿Por qué? – Me preguntaba. ¿Edward no tenía suficiente con su mujer? Pero, por qué me dijo que le gustaba… y de una manera especial, no lo olvides… ¡Pues claro que no olvido! Pero… pero… Tantos años sin pasarme nada relacionado con el amor… y ahora esto de golpe, dos hombres, bueno dos vampiros, queriendo estar conmigo… Pero tenía que poner un límite a Edward. No podía, estaba siendo infiel a mi prima… Y yo quería a mi prima.
En cuanto volvieron Edward y Bella a su asiento, Edward se cambió de asiento para no sentarse a mi lado. De repente, nos mandaron a abrocharnos los cinturones de seguridad cuando aún quedaban 45 minutos por llegar a tierra.
- Disculpe… - le dijo Edward a una azafata que pasaba.- ¿Por qué nos ponemos ya los cinturones?
- No es por alarmar, ni nada por el estilo. Pero cerca del estado de Louisana hay lluvias torrenciales y los pilotos han avistado turbulencias. Intentarán evitar esas turbulencias, pero es recomendable usar los métodos de seguridad. Por favor, no alarmen al resto de pasajeros. ¿De acuerdo? – Asentimos los tres a la vez.- Gracias.
Edward me echó una mirada mientras Bella hablaba con él. De repente, vi imágenes donde yo salía en medio del pasillo del avión, extendiendo mis brazos y cerrando los ojos. Una imagen de unas nubes negras apareció, apartándose unas de otras. Entonces, lo comprendí. Edward quería que con mis poderes, desaparecieran las turbulencias.


- ¿En serio? Yo… no puedo… hacer eso – dije nerviosa.
- ¿El qué vas hacer prima? – Preguntó Bella.
- Le estoy proponiendo que – Edward se acercó a Bella para decírselo al oído. - ¿Por qué no crees que puedas? ¿No me dijiste que ya los estabas controlando? – Dijo dirigiéndose a mí.
- Sí pero… Ese, en concreto, me cuesta mucho. Rompo objetos, hago daño a las personas… No podría Edward – dije sinceramente.
- Inténtalo prima, hazlo por tu sobrino… - me puso ojos de corderito Bella.
Me era imposible hasta pensar en cómo hacerlo. Pero aun así, por instinto propio de proteger, y tal vez salvar, a aquellas personas, me levanté y me puse en medio del pasillo. Me fue fácil que no viniera alguna azafata o personal del avión para que me obligara a sentar, porque aún había pasajeros paseando por el avión. Extendí mis brazos y miré por la ventana al lado de Edward. Éste me miró y me asintió con aprobación. Entonces, volví a mirar a esos nubarrones y concentré toda mi fuerza en las sienes, cerrando los ojos a la vez. Sentí temblor en mis manos y como el avión se tambaleaba hacia arriba y abajo, como si cogiera baches. No vi lo que sucedía a mi alrededor, pues estaba concentrada en el funcionamiento de mis poderes, solo escuché llorar a algún niño y varios grititos ahogados. Estuvo así unos cinco segundos. Hasta que paró y un piloto habló por el interfono para comunicar a los pasajeros que todo iría bien y que, en breve, aterrizaríamos.


- ¿Se encuentra bien, señorita? – me dijo una azafata. - ¿Está mareada? La veo pálida.
- No, no tranquila. Soy así, cosas de familia. Venía de los servicios, gracias- intenté disimular.
- Ah, disculpe entonces – dijo marchándose.
Enseguida el avión llegó al estado de Lousiana y aterrizó en el aeropuerto más cercano a mi casa.
- Sanos y salvos gracias a Shasha – dijo Bella entusiasmada.
- No exageres prima.
- Voy a pedir un taxi – dijo Edward interrumpiendo la alegría de las dos.- Coged las maletas, ahora vuelvo, ¿de acuerdo?
Mientras asentíamos las dos hacia Edward, éste ya se había marchado. Nos dirigimos a la zona de recogida de maletas y, cuando tuvimos todas nuestras pertenencias, salimos la sala de llegadas. No me lo podía imaginar, cuando vi a mi madre…


- ¡Shasha! – Me gritó desde lejos y acercándose.
- ¡Oh, oh! ¿Qué hace aquí la tía? ¿No estaba por Phoenix? – Dijo Bella tan preocupada como yo.
- Eso era lo que pensaba yo, Bella.
Me acerqué hacia ella, estaba sola sin mi padre. A lo mejor éste seguía en Arizona.
- ¡Hola hija! – Dijo emocionada y dándome un abrazo.
- Hola… mamá. Mmmm ¿qué haces aquí?
- Una larga historia… Veréis… me llamó un día tu tía Reneé para contarme que hacía días que no localizaba a Bella ni a Edward. Claro estaba preocupada por Bella. Así que llamó a tu cuñada, Bella, la más bajita. Esta le contó que estaban de viajes de novios, pero que habíais cambiado de rumbo porque Shasha se encontraba mal. Así que me llamó corriendo. Yo llamé y llamé a casa y a tu teléfono móvil y nunca me lo cogiste… Llegué a casa, dejando a tu padre en Phoenix sin que supiera nada, y a lo largo de la tarde vino tu amigo “especial”, Bill, a contarme lo sucedido. Y que quieres que te diga… Me alegro mucho – dijo rápidamente y muy tranquila…
¿Qué se alegra mucho? Mmmm creo que no sabe por qué me fui – pensé confundida.
- Hola Señora Douglas – dijo Edward por detrás de ella. Y nos asintió a nosotras… Seguramente habría escuchado sus pensamientos. - ¿Qué tal su viaje a Phoenix? Tendré que ir algún día a conocer a la familia de Bella que me queda.
- Muy bien Edward. La verdad que me alegro un montón de haber aplazado mi viaje por este motivo. Se nota demasiada la amistad antigua que tiene mi hija con Bella – dijo mi madre.
Espero que dure esa amistad…
- Sí, se llevan fenomenal. Mejor que yo con mis hermanos – dijo Edward bromeando.
Edward y Bella se fueron en un taxi y yo cogí mis maletas y me dirigí al coche con mi madre camino a casa. Cuando llegamos, ellos dos aun no habían llegado, así que me dirigí hacia mi cuarto y me di una ducha fría. Ya ni me molestaba la temperatura tan fría, aunque estuviéramos ya cerca del final del verano, sería por la temperatura de mis vampiros más gélida… No quise pensar en eso debajo del grifo. Solo dejé que mi mente se relajara y fluyera a través de aquella habitación. Me repetí a mí misma varias veces:
“ojalá tuviera un perro guardián que me alejara de aquellos vampiros”.
De repente, escuché unos gruñidos en aquella habitación…
- ¿Bill? ¿Edward? – Nadie me contestó, pero aun seguía sonando ese gruñido tan natural. -¿Quién se encuentra ahí?
Seguía sin respuesta, así que asomé mi cabeza por un hueco de la cortina de la ducha.
- ¡Ahhhhh! – Grité.


Había un maldito perro enooooorme echado en la alfombra de mi baño… A mí no me gustan los perros… ¡y menos de ese tamaño!
- ¡Oh Dios! ¿Qué hace este chucho aquí? – Hablé para mí misma.
De repente, escuché un hijo de voz… Pero en el baño solamente estaba yo.
Tranquila Shasha, soy tu perro guardián. Tal como has pedido – dijo una voz que… ¿procedía del maldito chucho?- Pensé desesperada.
- ¡No puede ser! Si los perros no hablan…
Ya… Pero sí que pensamos… Y tú, querida bruja, estás escuchando mis pensamientos…
- Pero… ¿tú no eres un vampiro para escucharte los pensamientos? – Le contesté al chucho.- Espera, espera, estoy hablando con un chucho en medio de mi baño y enrollada en un toalla. Esto no es coherente…
Ya nada de lo que pasa en tu vida es coherente, Shasha. Me puedes leer el pensamiento porque soy fruto de tu creación. Tú me lo has pedido, inconsciente o conscientemente. Otro de los poderes de las brujas celtas como tú, formular deseos y que se cumplan. Por cierto, no soy un perro cualquiera, soy un perro guardián mágico. Nos llamamos Perchon.
- ¿Perchon? ¿Nos llamamos? ¿Hay más como tú? – Dije como si fuera una máquina o un robot. Aún estaba en shock. – Así que… ¿yo te he creado? Y… ¿yo te puedo hacer desaparecer?
Sí, me has creado mediante tus deseos conjurados. Y no… no puedes hacerme desaparecer. Desaparezco yo solo, si veo que te van bien las cosas y estás protegida de esos vampiros.
- Pero… para esos vampiros no hace falta que esté protegida. Ellos no son malos ni atentan contra mi seguridad.
Pero… has pedido un perro guardián que te alejara de los vampiros, ¿no es así?
- Sí, sí. Seguramente habré dicho eso… pero inconscientemente Perchon. Yo amo a un vampiro y otro es un amigo “especial”. Así que me es imposible alejarme…
Pues entonces, ante esta situación, estaré aquí hasta asegurarme de que no te rompe el corazón ninguno de ellos dos.
- Vale. Seguro que serás de gran ayuda – dije ya confiando en mi perro Perchon. – Por cierto… ¿te puedo cambiar de forma? Es que los chuchos tan grandes me da un poco de miedete… No me gustan la verdad los perros grandes.
Ah, claro. Pero debes consultar tu libro de bruja, el de tus antepasados. ¿Ya lo has mirado? ¿Ya has pasado por la transformación?
- No, no le he mirado. Tengo que rebuscar entre las cosas de mi difunta abuela. Y aún no soy una bruja totalmente. Tengo que cumplir los 22 años, y aun me queda algo más de un mes – Perchon asintió. – Bueno, hasta que te cambie de forma y raza – dije riendo,- te tienes que quedar en el balcón de mi habitación, donde mi madre no te vea. Ella no sabe de esto, ni mi padre tampoco.
Según me vestí, fui al ático a rebuscar entre las cajas viejas de la abuela. Había una en especial que ponía “para Shasha”. Supuse que debería tratarse de esa. Y así fue. Dentro había muchos libros gordos y antiguos. Llenos de polvo, y yo odio el polvo. Después de limpiar esos libros, encendí los conectores de la luz del ático y me senté en la alfombra del suelo. Empecé a leer durante horas. Era tan interesante nuestra historia sobre las brujas que perdí la noción del tiempo. Cogí mis nuevos y a la vez antiguos libros y me dirigí a mi habitación. Miré a través de la cortina del balcón a ver si seguía Perchon ahí y estaba tumbado.
Miré los cientos de páginas que tenía cada libro. Hasta que encontré una nota de mi abuela para mí. “Puede que te resulte todo esto muy extraño, espero que te lo tomes bien y me perdones por nunca haberte dicho nada, querida Shasha. Aquí tienes un índice de lo que te puede pasar los primeros años de tu vida como bruja: conjuros, estrategias y toma de poderes. Supongo que esos años no serán muy complicados para ti, hija. Muchos besos, de la abuela Susan”. Seguí el guión del índice después de contemplar con los ojos empañados las letras de mi abuela, hasta que lo encontré. “Cómo cambiar de forma a un animal o persona”. Así que también se pueden cambiar las formas de las personas… Interesante – pensé. Leí el conjuro repetidas veces, y al final de la hoja había un post-it de mi abuela con consejos… Se trataba de Perchon. Gracias abuela Susan – pensé cariñosamente.


Me dirigí hacia el balcón y abrí la puerta.
- Entra ya Perchon. Ya me he informado de todo – dije orgullosa.
El chucho grande entró en mi cuarto y se subió rápidamente sobre mi cama. Me agaché a su altura y pronuncié las palabras que había escrito en un papel anteriormente. Las repetí tres veces. Y un gran estruendo y resplandor surgió en mi habitación.


El gran chucho ahora era un chuchito pequeño. Me reí fuerte. Por fin algo de mi magia que funcionaba, y que me hacía feliz. Perchon ahora se trataba de un gracioso Carlino de pelo negro y morro chato… Siempre me habían gustado estos perros, y por fin tenía uno sin quererlo ni beberlo.
- Perdona Perchon pero tengo que... - dije mientras me acercaba y lo cogía entre mis brazos. Lo abrecé fuerte y lo alcé por los aires.
- Shasha, baja a la cocina que ya está la… - dijo mi madre abriendo la puerta de mi habitación.- ¿Pero qué es esto? Y, ¿este pequeñín? – Se acercó y lo acarició.
- Pensé que reaccionarías de otra manera mamá…
- No… A ti era a la que no te gustaban los perros, yo siempre he querido uno y tú nunca nos has dejado ni a mí ni a tu padre. Recuerdo unas navidades que tu padre trajo a casa un macho cócker. Me hacía una ilusión grande pero tú… - la dejé que siguiera hablando y no la escuché. Quería saltar y comunicarle a mi madre lo feliz que me sentía y el por qué de ello. Pero no podía, era una de las normas básicas e importantes en la vida de una bruja. Tenía que averiguar el por qué.
- Bueno mamá, voy a bajar a cenar. Te puedes quedar con el perrito todo lo que quieras… Se llama Perchon, por cierto. Vino ya con nombre – dije mientras bajaba las escaleras y me dirigía a la cocina.
A las dos horas, había recibido dos llamadas tanto de Bill como de Edward. A ninguna respondí. Menos mal que mi madre estaba de ánimo para decirles que simplemente estaba en la cama con cuarentena. De todas maneras, cerré las ventanas con llave, nunca se sabe si un vampiro entra en tu casa.
Estuve toda la noche leyendo esos libros antiguos sobre brujerías, mientras practicaba con mis poderes, hasta quedarme frita. Me desperté temprano, no era ni de día, por unos lametones en la cara. Eran de Perchon.
- ¿Qué pasa? Es muy temprano, duérmete.
No puedes. Hay un vampiro abajo, en el jardín, tirando piedrecitas a la puerta del balcón. Si no quieres verle, bajo yo y le atacó, para que huya – me dijo Perchón a través de sus pensamientos.
Me levanté y me acerqué al balcón. A estas horas solo se podía tratar de Bill. Me asomé. Pero era Edward.


- ¿Qué quieres?
- Estoy liado Shasha. Tu prima se quiere quedar en tu casa y yo le he dicho que no… No me he podido explicar.
- Mmmm eres un vampiro de más de cien años. Alguna excusa tendrás Edward…
- No, no tengo ninguna. No se me ocurren.
- ¿Por qué?
- Porque nunca me ha pasado esto. Nunca me he enamorado de dos personas a la vez.
- ¿Qué? – Me quedé paralizada. Menos mal que estaba allí Perchon para protegerme. Se acercó y se convirtió en su tamaño anterior. Se puso a dos patas y me metió hacia dentro. Me empujó con el morro hasta mi cama. Cuando reaccioné de mi shock cerré mentalmente la puerta del balcón y las ventanas. Me quedé dormida acariciando a mi querido Perchon. Él estaría ahí por la mañana, esperándome y protegiéndome.